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martes, 11 de agosto de 2009

Mujerzotas 6. Sentimental jurney

Se me ha acusado publicamente de ser un sentimental. Si amigo, en este mismo blog. Y yo que creí que estaba dosificando el sentimiento de modo ejemplar...
No engañamos a nadie, está claro. Ni siquiera echándole humor a la cosa. Asi que me he dicho: de perdidos, al río. Me vuelvo al barrio.

Con las actuaciones cotidianas de los vecinos, el show estaba garantizado en mi barrio. Teníamos sainetes de improvisación, espontáneas del women wrestling... El silbo castizo nació allí. Julio el canario aplicaba el silbo gomero para comunicarse con Julito.
-Pa casa que te viá dar, debía decirle porque era silbar y Julito aparecía ipso facto, frenando con nubecitas en los pies como el correcaminos.

Este ambiente artístico tan rico atraía a otros artistas llegados de Tetuán e incluso de Chamberí que venían a regalarnos su arte, sabiéndose bien recibidos.
El Gran Micheli se anunciaba por la tarde y por la noche organizaba su función en un descampado frente a la taberna que le servía de camerino.
Los chavales eramos parte importante en el show de Micheli.
-A ver, poneos en fila, nos ordenaba en plan sargento. Y cuando ya estábamos en formación nos ponía unos sombreros, unos trapos...
-Aquí les presento a Madame Destripatomates, Madame Matapiojos...El pobre era así de payaso.
El auténtico espectáculo, el que nos reunía a todo el barrio, era el del público que aprovechaba la convocatoria de Micheli para hacer su propio show.
-¡Paco, déjale tu cara a ver si nos reimos!
-¡Que salga la Blasa, que salga la Blasa!...
-Que salga tu padre si sabes quien es!
Luego estaban los gitanos que no tenían mucho éxito con esa cabra tan vieja. Y el afilador con su chiflo y la sillera con su canción: ¡La silliiiiiiira...!
Y todo de balde.
Y, mira por donde, las niñas del barrio querían cobrar.
Tomaban la casa de Elvirita de camerino y organizaban la función en el descansillo de la escalera. Se hacían vestidos estrafalarios con papel de seda de colores y pretendían, las muy ilusas, que pagáramos por verlas.
Nacía el show business. El espíritu mercantilista de las nuevas generaciones iba a cambiar el mundo del espectáculo.

Gonna take a Sentimental Journey,
Gonna set my heart at ease.

Gonna make a Sentimental Journey,
to renew old memories.

Got my bags, got my reservations,
Spent each dime I could afford.
Like a child in wild anticipation,
I Long to hear that, "All aboard!"

Seven...that's the time we leave at seven.

I'll be waitin' up at heaven,
Countin' every mile of railroad
track, that takes me back.


Never thought my heart could be so yearny.
Why did I decide to roam?
Gotta take that Sentimental Journey,
Sentimental Journey home.

Sentimental Journey.

La primera en grabar esta canción fué Doris Day, allá por los 40. En los 70, Sentimental Jurney fué el primer disco de Ringo en solitario. En YouTube hay una copia mala y otra buena de la versión de Ringo. La mala podía haberla traído, la buena no se puede. Es una rareza. Puedes verla aquí:


http://www.youtube.com/watch?v=50bJ8yMJPII&feature=fvsr


Y TAMBIÉN:
Mujerzotas 3/ Sesión contínua 3/ Sesión contínua 4

sábado, 30 de mayo de 2009

Mujerzotas 5

Me había propuesto no hablar de la crisis. ¿Para qué? Ahora que sabemos que Aznar sabe como arreglarla. Hoy sin embargo, con el permiso de Jose Mari, voy a hablar de otras respuestas a otras crisis en otros tiempos donde a menudo las soluciones venían de la mano de los americanos.

Nati y el Plan Marshall
Nati, Tomasa y la Peque tenían un plan: casarse
con un americano. A eso es a lo único que se dedicaban cuando no pelaban boquerones para el negocio familiar que surtía a las tascas del barrio.
El boquerón en vinagre gustaba mucho en el Cuatro Caminos de los sesenta pero no daba para vivir a una familia de cuatro hermanas, la madre viuda y el marido de la hermana embarazada que, en vez de sacarla de casa como un hombre, se i
nstaló en el pisito familiar, sumándose al clan de las boqueroneras.
Nati fue la primera en independizarse. Como era la mayor, abri
ó brecha: le partió una botella de Jack Daniels en la cabeza a un negro de la base de Torrejón en un bar de alterne.
Cuando salió de Carabanchel (carcel de), estrujó un boquerón, puño en alto, y puso a Dios por testigo de que no volvería a pasar hambre: -Ni yo, ni ninguna de mis hermanas.
Y, perfeccionado el plan de ataque contra los chicos de la base, empezaron a verse los resultados.

Metió a su hermana Tomasa en el plan con gran éxito -¡qué lista!- pues era una belleza morena de rasgos suaves, muy dulce.

-¡Qué lista! , dijo su madre, y le endilgó en el
lote a la Peque : una morenilla de aspecto simiesco, un poco gangosa.
La pobre Peque no daba una. Confundió a un gallego muerto de hamb
re con un americano: Y yo que sé,..¡como hablaba en extranjero!.
Tomasa pilló rápido y con galones: un sargento mayor de la base, tamaño portaaviones.

Nati pilló un tejano. Sin galones pero con rancho. Y
blanco. Que ella desde lo de Carabanchel era racista.
Total, que se fueron a América. Y en mi calle nos quedamos sin el desfile de la tropa americana. Y sin los aigas que ponían un poco de fantasía entre tanta alpargata. Y sin nada de que hablar cuando salíamos al fresco.
¡ Pues vaya plan !


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Mujerzotas 1/Mujerzotas 2/Mujerzotas 3/Mujerzotas 4


domingo, 24 de mayo de 2009

Mujerzotas 4

Con gran dolor hoy he vuelto al barrio de mi infancia. Fui a visitar a mi asesor con motivo de la próxima declaración de Hacienda. Y ahí se acaba la pena porque, por lo demás, el lugar solo me trae buenos recuerdos.
He tomado uno con leche en un Ital Café que ocupa el local donde estaban los billares que fueron nuestro cuartel general a la salida del colegio.
Atravesé sin problemas el jardín. El mismo que un
guarda jurado vigiló durante años para impedir, a perdigonazos si era necesario, que los niños saltáramos la alambrada que lo rodeaba.
Una cosa no había cambiado. No del todo al menos. El Supermercado Total ya no se llama así pero al menos sigue siendo un supermercado. Fue el primero que conocí en mi vida. Una rareza mas de aquel barrio mío, fronterizo con la modernidad.

Pepi
En la avenida del general Perón han abierto un supermercado - Virgilio el de los ultramarinos, uno de los negocios más florecientes de mi calle, dio la voz de alarma.
El Marketing llegó a mi barrio antes que a otros. La proximidad de los grandes centros comerciales y de las oficinas de La Castellana y la calle Orense hizo que los del barrio se espabilaran ante el empuje de las multinacionales y se adaptaran a los nuevos retos del desarrollo.
Pepita la frutera, una profesional ambiciosa e innovadora, fue, sin ir mas lejos, la primera española en aplicar el sistema digital de medidas.

Pepi, rica, ese dedito...- denunció un día Nati la boqueronera cuando le pilló forzando el peso de las paraguayas a base de presionar con el dedo el platillo de la balanza.
La perspicacia de la boqueronera no desanimó a Pepi en sus intentos y, una vez mejorada la técnica, la medida digital sería un eficaz arma para paliar la guerra de precios.

Martina y Enriqueta
Con el desarrollo, el consumo se disparó en el barrio. Una economía más desahogada nos permitía, por ejemplo, que en una sola manzana tuviéramos dos piperas.
La señora Enriqueta y la señora Martina eran viudas y ninguna tenía pensión. Pero en todo lo demás eran completamente diferentes.

La señora Enriqueta - en otros tiempos, una segunda vedette del Martín- era una viejecita amable y limpia, de delantal almidonado, blanco e impecable como sus cabellos.
La señora Martina - en otros tiempos, una bruja- era una vieja greñosa, siempre de negro, siempre de mal humor, cuyo tufo, cuando no su lengua, hacía a más de uno cruzar de acera.
Por eso no era de extrañar que el negocio de la señora Enriqueta fuera mejor que el de La Martina. Así es como los niños las llamábamos, estableciendo en nuestra inocencia, dos clarísimos posicionamientos de mercado.
Para empezar, la señora Enriqueta tenía el puesto en la taberna - el tabernero no tuvo duda a la hora de elegir- lo que le aseguraba la clientela y le permitía trabajar a diario aun en los días más crudos del invierno.

No estoy muy seguro de que la adjudicación de la concesión de la taberna fuera lo que tenía tan enfadada a La Martina. Y es que, si bien insultaba a su colega en cuanto aparecía, también es cierto que hacía lo mismo con todo el que tuviera el valor de acercarse a su puesto. La madre que te parió solía ser el comienzo de una larga retahíla de juramentos con los que recibía cualquier petición que, indefectiblemente, nunca era la que le venía mejor.
Como quiera que la señora Enriqueta se había especializado en tabacos - el producto más cercano a su área de negocio: la tasca - la Martina había buscado su hueco de mercado en los productos infantiles.

La infancia marginada, los niños del barrio, no teníamos pues otra opción que afrontar el pestazo de su puesto.
Nos pinzábamos la nariz con dos dedos y, siempre por detrás para ocultarle este gesto, nos acercábamos hasta ella:
- Un paquete pipas.
- ¡Ay! ¡Qué susto, jodío! ¿Dónde está
s cabronazo? ¡Quieres hablar claro, maricón...!
No hace falta decir que Enriqueta tenía más simpatías en el barrio pero Martina, indudablemente, daba más juego. Era, por ejemplo, la única mujer que habíamos visto mear de pié. Algunos, incluso, la única mujer que habíamos visto orinando. Se abría de piernas junto al sumidero de la alcantarilla, a un paso del puesto, y ¡hala!...
Pues eso, que cada una tenía su marketing


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domingo, 17 de mayo de 2009

Mujerzotas 3

Me manda un e-mail un amigo - como será la cosa que ni siquiera se atreve a comentarlo en el blog - para decirme que después de lo que he escrito sobre Madrid que me olvide, que por aquí no vuelve nadie. Que a quién se le ocurre ponerse tan madrileño. Y que mejor cambio de blog o dedico este a temas castizos o así.
Me vais a perdonar pero yo es que lo castizo no termino de pillarlo.
Cuando era niño aún existían las verbenas en cada barrio que para empezar, en el mío, se llamaba kermés.
Yo allí nunca vi una gorrilla ni un organillo ni nunca escuché un chotis. Canción melódica, rock, twist y pasodobles para los abuelos eran la base del repertorio musical. Tampoco se bailaban rumbas, ni sevillanas como en cualquier sarao de hoy día. Como mucho, la orquesta se marcaba un cha cha chá por aquello de que una tal Esperanza no sabía bailar otra cosa.
Lo que si había eran sainetes. Todos los días. Y gratis:



Elvis
Elvirita la gorda tenía dos oficios. Y eso con solo trece años.
Era vendedora de gusanos de seda. Gusanitos, gusanitos, para el nene y la nena... voceaba junto al portal del 30 de mi calle con su caja de zapatos rebosante de morera. También era encuestadora: -¿Paul Anka o Elvis Presley?...Y recogía firmas para el rey Elvis con destino a algún programa de la radio o para cualquier otro palmarés de clubs de fans o del colegio.
Fue la primera fan histérica que habíamos visto en el barrio. Ya no pararía de sorprendernos. Era, por ejemplo, y a pesar de sus kilos, una ágil saltadora
de comba, actividad que practicó hasta los veinte años para regocijo de los de la taberna que se asomaban a verla -tetas arriba, tetas abajo- con celebradísimo entusiasmo: Los chinitos, en la China, cuando no tienen que hacer...Lo malo es que su madre , siempre al quite, le prohibió volver a saltar a la comba hasta que no adelgazara. Una contradicción, si, pero ¿qué sabía la Polonia del fitness?
Elvirita, ya pollita, seguía siendo para todos, Elvirita la gorda. Se pasaba el día comiendo y, claro, no se comía una rosca.
Igual que de pequeña no paraba hasta que te colocaba un gusa
no o te perseguía, bolígrafo en mano, para que votaras a Elvis, con la misma vehemencia, se lanzó a la caza del hombre.
Todo lo que consiguió fue que se rieran de ella. Los chicos, ni caso y las mujeres la evitaban por boba y porque era un eficaz repelente al macho.

Sola y desprestigiada, Elvirita tomó una decisión. Nadie sabe como lo hizo pero en un mes era una chica normal y en dos, una gachí cañón. Al nuevo peso le echó maquillajes fuertes, vestidos provocativos y mucho tacón...Y le puso un nombre:
Elvirita, guapa, ¿qué va a ser? - preguntó Pepi la frutera.
- Un melón. Y me llamo Elvis


Y TAMBIÉN:
Mujerzotas 1
Mujerzotas2

sábado, 9 de mayo de 2009

Mujerzotas 2



Marina
La señora Marina tenía una pensión: Pensión Marina. Allí no se admitían mujeres. Por allí pasaban peones de albañil, fumistas, chapistas, mancebos de farmacia y temporeros en general.
La señora Marina tenía otra pensión: la de viuda que le había dejado su difunto y con la que podía vivir sin problemas -y sin huéspedes- tan ricamente. Pero Marina era muy fea. Y muy vieja. Y era gallega. O sea, que tenía morriña. Y puso la pensión.
El precio oscilaba entre muy barato y muy caro, según se mire. Esto lo
comprendí una mañana en que la señora Marina estaba colgando en su balcón, como tantas veces, el cartel de SE ADMITEN HUÉSPEDES. Lo dijo la Polonia : -La Marina -dijo- no tiene a quien meneársela. Se organizaba el movimiento obrero.

Polonia

La Apolonia con el "la" perdió la "A" y se quedó con Polonia para los restos. Ella era así de chula.
Lo que si tenía era muy mala leche. Y el culo mas gordo que yo había visto. Así que a La Polonia no la tiraba los tejos nadie ni por recomendación del Papa
. Ni siquiera Virgilio el de los Ultramarinos y eso que, con cinco hijos, la cuenta de los comestibles era morrocotuda.
-Ya me pagarás, mujer, ya me pagarás...
No era de extrañar, por eso, que La Polonia llevara tan mal lo del novio de La Nuri.
La Polonia tenía un marido pintor que no pintaba nada. Era el marido de la Polonia. Sus hijos eran Paquito el de la Polonia, Ramoncín el de la Polonia...Y así hasta cuatro. La única que tenía entidad propia era Elvirita, la más pequeña, que no había heredado el referente materno. Ni su culo.
Un día el novio de la Nuri dio una vuelta a Elvirita en la vespa. Y se armó:
La Polonia que le agarra de las solapas -¡chulo! - y le suelta un discurso sobre esas zor
ras que montas -en la moto- y las chicas decentes. La Nuri que sale de la taberna y le dice que le suelte. La Polonia que nones...
-Quítate te digo que te doy con el sifón. Que aquí no estoy en Francia y no pierdo mis derechos -amenazó la catalana.
La Polonia, sublevada, desoyó los argumentos legales de la emigrante. Hizo mal. Desde su metro setenta largo, la Nuri le enchufó un chorro de seltz en toda la permanente.

Las mujeres del barrio manifestaron su solidaridad con Polonia. Y sent
enciaron que estaba muy bien eso de que la catalana defendiera su independencia pero que de ahí, a pasar a la lucha armada...

Y TAMBIÉN:
Mujerzotas1

martes, 5 de mayo de 2009

Mujerzotas 1

Desaparecieron junto con el asperón, el engrudo y la carbonilla. Mujeres de mi infancia, las sillas en la acera. Historias de barrio contadas al fresco en las noches de verano. Y un niño que escucha atento, preparándose para lo que se le viene encima.

Nuria
La Nuri era catalana y muy independiente. Trabajaba en Francia pero tenía marido y dos hijas en Cuatro Caminos.
La llegada de la catalana inauguraba la temporada de veran
o en el barrio y ponía un toque internacional en la cola de la carbonilla.
La Nuri era -en pleno franquismo- una gran defensora de sus derechos. Tengo mis derechos -repetía cada dos por tres para asombro de todos.
Esta se cree que está en Francia -dijo, antes de perder dos dientes, una que se le quiso colar en la frutería.
Y es que La Nuri era lo que se llama una fiera y, después de decir lo de sus derechos, pasaba a la acción sin contemplaciones.
Uno de los derechos que más asombraban en Cuatro Caminos era el derecho de La Nuri a tener novio.
El novio era un chaval de veinticinco años -unos quince menos que la catalana- que parecía sacado de una película del neorrealismo italiano. Hasta vespa tenía.
No es que La Nuri fuera la única que coronaba al marido. En el barrio las había con amantes, con "huéspedes"...Las había que tenían un lío y más de una se lo hacía con Virgilio el de los Ultramarinos. Pero novio, novio ¡y que las viniera a buscar al portal en vespa!...
Como dijo la señora Marina: -Oye, ella trabajará en París, pero no hay derecho.